Un informe satelital del Center for Strategic and International Studies (CSIS) confirmó un marcado incremento en la construcción dentro del complejo de la montaña Pickaxe, cerca de Natanz. Frente a la sospecha de que Teherán busca resguardar allí sus centrifugadoras de enriquecimiento de uranio, el Gobierno de Estados Unidos puso en marcha pruebas de emergencia en el desierto de Nuevo México para validar armamento penetrador de última generación capaz de alcanzar instalaciones blindadas a gran profundidad.
El conflicto diplomático y militar entre Estados Unidos e Irán sumó un nuevo capítulo de máxima tensión tras la revelación de imágenes satelitales que muestran un «claro aumento en la actividad de construcción» dentro de una instalación nuclear subterránea oculta bajo el granito de la montaña Pickaxe (Kolang), a 225 kilómetros al sur de Teherán. El análisis del centro de estudios Center for Strategic and International Studies (CSIS) sugiere que el régimen iraní acelera las obras para convertir el sitio en un refugio inexpugnable para su programa de enriquecimiento de uranio. Ante la posibilidad de que el complejo quede fuera del alcance de las bombas convencionales más potentes, la administración estadounidense reactivó pruebas militares de emergencia en el campo de misiles de White Sands para poner a punto armamento antibúnker de nueva generación y simular ataques de precisión sobre los objetivos más profundos del territorio iraní.
El blindaje natural que ofrece la montaña de granito ha generado un intenso debate en las agencias de inteligencia occidentales, ya que la estructura desafía el poder de fuego de la actual penetradora de artillería de gran calibre (MOP) del Pentágono. Reportes de la inteligencia israelí señalan que la intención de Teherán es trasladar centrifugadoras clave a esta fortaleza subterránea para garantizar la continuidad de su programa nuclear ante eventuales bombardeos. Las advertencias del presidente Donald Trump sobre un posible ataque inminente al sitio Pickaxe coincidieron con movimientos estratégicos dentro de la estructura de defensa de Washington.
Apenas días antes del inicio de la operación Furia Épica, la Agencia de Reducción de Amenazas de Defensa (DTRA) firmó un contrato de emergencia por 1,2 millones de dólares para acondicionar una instalación de pruebas en el campo de misiles de White Sands, en Nuevo México. El objetivo del contrato asignado a la firma Pate Construction fue realizar ensayos con fuego real destinados a validar capacidades clasificadas contra objetivos profundamente enterrados. Paralelamente, la Fuerza Aérea de los Estados Unidos trabaja en el desarrollo de una bomba penetradora de próxima generación para reemplazar al modelo MOP, con el fin de neutralizar centros neurálgicos como el de Isfahán, cuyas entradas ya sufrieron ataques en incursiones previas pero cuyas bóvedas principales permanecen intactas bajo la roca.
La aceleración de los trabajos en la montaña Pickaxe y los ensayos militares con armas antibúnker en Nuevo México dejan al descubierto que la carrera por el control del programa nuclear iraní se traslada a las profundidades de la tierra, elevando el riesgo de un choque de escala superior en el Medio Oriente.
